Tintineos que flotan casi imperceptibles, cuando sin imaginarlo sucede, que sin estar previsto ocurre, moviendo situaciones turbias y causando tranquilidad sólo en cierta medida.
Momentos trascendentales, que van moviendo destinos y confundiendo al propio enemigo, que sin más, se reduce a algo tan insignificante como es el olvido, comprobando que no se recuerda del todo lo que se vive o se guarda en el fondo del subconsciente para que un día, el menos esperado, resurja desde las profundidades, convenciendo de que en algún momento sucedió, marcando de nuevo notables confrontaciones en uno mismo.
Retorciendo costumbres malogradas que acaban por incorporarse a los estados inconscientes del individuo, situando al bienestar es un mero indicio de disonancia.
Brincos del camino que nos dan por cada paso que damos, a veces sin darnos cuenta, pero existe una leve imperfección en los pasos, que no corresponden a lo deseado.
Siguiendo el camino que más hemos considerado adecuado, nos resulta inexacto cuando proveemos de ingratitud e imperfección a lo pedido anteriormente. No comprendemos el suplicio que se ha confrontado al aparentar que es algo en lo que sentimos y deseamos, pues a corta edad, comenzamos a imaginar gran cantidad de situaciones que comienzan por los sentimientos y el corazón, mas no los sabemos agradar en mutuo acuerdo, simplemente acontecen en nuestra plenitud imperfecta que se completa con el paso del tiempo, pues finalmente es sólo este quien nos hace comprender, de mejor o menor manera, lo que en realidad se debe de comprender, ni más ni menos.
El nivel que consideramos deseable a nuestro vivir, lo realizamos en plenitud cuando dos corazones se confrontan en una realidad. Sin ser perfecta, tal vez sin ser ideal, pero se considera deseable a nuestros ojos humanos, pues el corazón es el que se complementa con el paso del tiempo, y es sólo éste lo que acepta o rechaza del todo la conducta por nuestra parte.
Partiéndose el alma, perforándose la vida, tratando de compenetrar en lo más profundo del ser, rompiéndose el existir, sin conocer realmente lo que se es, sin saber a ciencia cierta lo que se pretende por sí mismo y sin aprender del pasado. Seguiremos llorando, sin eso, sin ellos, que nos complementaron la existencia por tanto tiempo.
El final llega sin remedio, pues tarde o temprano, entendemos lo subliminal e imperfecto de nuestra existencia misma, conocemos de lo que hablamos pues ya lo hemos aprendido.
Pero… no aprendemos a controlar los sueños, esos, que cuando dormimos, no nos dejan descansar del todo, pues, a veces las razones no las conocemos, pero nos llenan la cabeza de puro dolor y disentimiento.
Dormimos, preferiblemente, por las noches, mientras la ciudad permanece aparentemente muerta, mas no pasa por nuestra mente todo lo que acontece mientras sucede, sólo nos limitamos a penetrarnos en nuestro descanso que llega a se tan irreal.
El corazón sigue latiendo, la respiración se combina con el tacto, el olor permanece intacto, sólo y simplemente surgen imágenes incomprensibles pasables por el subconsciente, que a simple razón no lo penetramos del todo en el entendimiento, mas sin en cambio, ocurren de manera constante.
Soñar es lo más hermoso, mientras se permanece despierto, pero si se está dormido, se desconoce del todo la realidad, pero ésta misma, se complementa con lo que se ha vivido.
Sigamos soñando mientras se nos permita sentirlo… y sentir lo que nos sea permitido.
Momentos trascendentales, que van moviendo destinos y confundiendo al propio enemigo, que sin más, se reduce a algo tan insignificante como es el olvido, comprobando que no se recuerda del todo lo que se vive o se guarda en el fondo del subconsciente para que un día, el menos esperado, resurja desde las profundidades, convenciendo de que en algún momento sucedió, marcando de nuevo notables confrontaciones en uno mismo.
Retorciendo costumbres malogradas que acaban por incorporarse a los estados inconscientes del individuo, situando al bienestar es un mero indicio de disonancia.
Brincos del camino que nos dan por cada paso que damos, a veces sin darnos cuenta, pero existe una leve imperfección en los pasos, que no corresponden a lo deseado.
Siguiendo el camino que más hemos considerado adecuado, nos resulta inexacto cuando proveemos de ingratitud e imperfección a lo pedido anteriormente. No comprendemos el suplicio que se ha confrontado al aparentar que es algo en lo que sentimos y deseamos, pues a corta edad, comenzamos a imaginar gran cantidad de situaciones que comienzan por los sentimientos y el corazón, mas no los sabemos agradar en mutuo acuerdo, simplemente acontecen en nuestra plenitud imperfecta que se completa con el paso del tiempo, pues finalmente es sólo este quien nos hace comprender, de mejor o menor manera, lo que en realidad se debe de comprender, ni más ni menos.
El nivel que consideramos deseable a nuestro vivir, lo realizamos en plenitud cuando dos corazones se confrontan en una realidad. Sin ser perfecta, tal vez sin ser ideal, pero se considera deseable a nuestros ojos humanos, pues el corazón es el que se complementa con el paso del tiempo, y es sólo éste lo que acepta o rechaza del todo la conducta por nuestra parte.
Partiéndose el alma, perforándose la vida, tratando de compenetrar en lo más profundo del ser, rompiéndose el existir, sin conocer realmente lo que se es, sin saber a ciencia cierta lo que se pretende por sí mismo y sin aprender del pasado. Seguiremos llorando, sin eso, sin ellos, que nos complementaron la existencia por tanto tiempo.
El final llega sin remedio, pues tarde o temprano, entendemos lo subliminal e imperfecto de nuestra existencia misma, conocemos de lo que hablamos pues ya lo hemos aprendido.
Pero… no aprendemos a controlar los sueños, esos, que cuando dormimos, no nos dejan descansar del todo, pues, a veces las razones no las conocemos, pero nos llenan la cabeza de puro dolor y disentimiento.
Dormimos, preferiblemente, por las noches, mientras la ciudad permanece aparentemente muerta, mas no pasa por nuestra mente todo lo que acontece mientras sucede, sólo nos limitamos a penetrarnos en nuestro descanso que llega a se tan irreal.
El corazón sigue latiendo, la respiración se combina con el tacto, el olor permanece intacto, sólo y simplemente surgen imágenes incomprensibles pasables por el subconsciente, que a simple razón no lo penetramos del todo en el entendimiento, mas sin en cambio, ocurren de manera constante.
Soñar es lo más hermoso, mientras se permanece despierto, pero si se está dormido, se desconoce del todo la realidad, pero ésta misma, se complementa con lo que se ha vivido.
Sigamos soñando mientras se nos permita sentirlo… y sentir lo que nos sea permitido.


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