miércoles, mayo 10, 2006

Producción de lágrimas

Verdaderamente he vivido en el error, que por años pensé no sería cierto. Ingenuidad he tenido por tanto tiempo y los que vendrán. Tontamente he pensado que la vida era color de rosa. Pero trágicamente me di cuenta que no era así, ni para mí ni para muchos otros.

Desde temprana edad supe de los trastornos que da la vida, aprendí a no quedarme en el fondo, siempre a buscar la luz. Esa luz que por largo tiempo no aparecía, me ayudó a comprender y a valorar tantos detalles que ahora son parte fundamental de mi vida cotidiana.

Lloré incesantemente, por mucho tiempo, sin que nadie pudiera percatarse. Nadie supo de las gotas que derramó mi corazón. La tremenda soledad fue mi consejera, de ratos, muy mala y en otros no tanto.

Pérdidas que aún no logro concebir, fueron las que me destrozaron la vida, que aceleraron mis ansias y me motivaban a hacer cosas nada fructíferas.

Acosada por la soledad no requerida, me mantuve en una posición estática, sin saber qué hacer o qué decir, no tenía nada en mis manos, sólo las gotas de dolor, que hasta ahora las ha llevado mi conciencia.

Por algún tiempo no entendí realmente lo que pasaba y sinceramente creo que aún no lo comprendo del todo. Detalles que ocurrieron los guarda mi corazón. Pobre corazón que tan roto ha de estar, que no acaba de asimilar todo lo sucedido, pero que a la vez está preparado para cientos de infortunios más, que sabe, de manera consistente, no los podrá alejar.

Ya estamos preparados, no al cien por ciento, pero cada vez estamos más fuertes. Ya no será tan fácil derrumbarnos, será casi imposible que nos volvamos a caer, o al menos no como antes.

Sabemos que estaremos rodeados de desagrados, pero siempre con la fortaleza para sabernos levantar más rápido de lo acostumbrado.

Seguiremos llorando, pero esta vez por cosas o personas que de verdad valgan la pena. No volveremos a caer en la locura ni en la amargura. Podremos desesperarnos pero no de forma exaltada.

El sentimiento valora más ahora, el corazón ya no pende de un hilo, sigue descuartizado, pero no roto, ya nunca más lo estará. Mientras que la mente ya no se opaca con cualquier movimiento fuera de lugar, aprendió a razonar más favorablemente con el paso de los años.

Ciertamente es la experiencia la que ha hecho que todo esto pueda ser posible. Todo lo que soy en la actualidad se lo debo a los años tristes que me otorgó la vida, y sólo ella es la que sabe una a una de las lágrimas que derramé, lleva la cuenta exacta, sin que lo pueda hacer yo misma.

El amor no está desterrado del todo, siempre ha tenido lugar para quien lo merece, tratando siempre de desaparecer lo que ya no le corresponde. Guarda para mí lo que considera y sigue vivo para que algún día, alguien le pueda corresponder.

No hay comentarios.: