lunes, mayo 15, 2006

Tanta falta…


Me hace falta derramar por lo menos una lágrima en este momento. Después de tantas que he derrochado, creo que he quedado vacía… temporalmente. Pero necesito hacerlo, necesito llorar para despojarme de algo que me pasa y no se realmente qué es.

Me hace falta estar en un lugar tranquilo, bajo la luz del sol o la luz de la luna, que me ayude a recordar lo que soy, para pensar en todo lo que he fallado y llegar al punto en que ahora me atormenta y no volver a repetirlo.

Me hace falta estar sola, para volver a confiar en mí, para sentir de nuevo lo que antes y saber expresarlo hacia los demás, de manera que comprendan todo lo que les tengo que decir.

Me hace falta dar valor a quien realmente creo lo debe llevar, pues considerada en vano lo fui en verdad, sin darme cuenta de lo que hacía a quienes no les importó.

Me hace falta ver a la gente que quiero estar bien en todos los aspectos posibles, pues su bienestar es el mío.

Me hace falta ver a las personas que se me perdieron en el camino, y que si no las vuelo a ver, no sienta un gran vacío por su ausencia.

Me hace falta bailar, para que de esa forma saque toda la energía acumulada que debe ser reciclada cada cierto tiempo y tomar nuevas y mejores fuerzas.

Me hace falta leer infinidad de libros para ilustrarme mucho más, y no se si me alcance la vida para aprender todo lo que deseo.

Me hace falta el aroma que me haga sentir de nuevo las sensaciones que han perdurado en mi memoria, mismas que han llenado mi espíritu de calma y a la vez de delirio incesante.

Me hace falta saborear la dulzura de la alegría, hacerla permanecer por siempre, que ilumine el camino y que la pueda ofrecer a quien me rodea.

Me hace falta volver a vibrar con algo que remueva los motores que ahora permanecen en calma.

Me hace falta ver lo que haga brillar mi mirada y se convierta en una sonrisa y no borrarla nunca, que cuando cierre los ojos aún pueda verlo frente a mí y me haga sentir bien.

Me hace falta escuchar los sonidos que motivan mi tranquilidad y pensamientos, las canciones que me hacen recordar momentos gratos que nunca se borrarán de mi mente, esos sonidos que hacen despegar los pies del suelo, sentir que vuelas hasta tocar el cielo.

Me hace falta un abrazo de consuelo, que me haga sentir que no estoy sola, pues la soledad no deseada ha sido terrible, sentir la paz de unos brazos cálidos que transmitan seguridad, que pueda cerrar los ojos y sentir que no existe nadie más en el mundo.

Me hace falta un beso con amor, que me haga llegar al paraíso, que se pierda mi mente hasta derrumbarme de ternura, que pueda haber una transmisión de sentimientos en cada movimiento.

Me hace falta el roce de una mano cálida, que me tranquilice, sin malicia, sin engaño y sin temor, que me sostenga cuando más me haga falta, que me oriente cuando esté confundida, que se acerque cuando debe estar.
Me hace falta escuchar y que me escuchen, para aprender más de la gente y que ellos a su vez aprendan de lo poco que se y que aún soy, sin prejuzgar.

Me hace falta la compañía total y perpetua de alguien que también quiera la mía, de alguien que quiera conocerme, de alguien que en verdad me pueda y desee quererme, que sea todo lo que siempre he estado esperando.

Me hace falta dormir con ese alguien, pues recuerdo que no hay cosa tal que se le parezca a despertar y mirar que alguien, que te ama y que amas, está cerca de ti.

Me hacen falta las palabras al oído que hagan erizar mi piel, que pueda suspirar cada vez que escuche su voz.

Me hace falta estar contigo. Me hace falta tu cercanía y nunca dejarte ir.

Me haces falta tú, que sin conocerte, te he amado desde hace mucho tiempo.

Me hace falta encontrarte…



Necesidades, tan comunes del ser humano. Algunos necesitan más, algunos otros tal vez necesiten menos. A todos nos hace falta algo, y quien diga que lo tiene todo en la vida es porque aún no se da cuenta de otra necesidad o porque en verdad ha sido bendecido.

miércoles, mayo 10, 2006

Producción de lágrimas

Verdaderamente he vivido en el error, que por años pensé no sería cierto. Ingenuidad he tenido por tanto tiempo y los que vendrán. Tontamente he pensado que la vida era color de rosa. Pero trágicamente me di cuenta que no era así, ni para mí ni para muchos otros.

Desde temprana edad supe de los trastornos que da la vida, aprendí a no quedarme en el fondo, siempre a buscar la luz. Esa luz que por largo tiempo no aparecía, me ayudó a comprender y a valorar tantos detalles que ahora son parte fundamental de mi vida cotidiana.

Lloré incesantemente, por mucho tiempo, sin que nadie pudiera percatarse. Nadie supo de las gotas que derramó mi corazón. La tremenda soledad fue mi consejera, de ratos, muy mala y en otros no tanto.

Pérdidas que aún no logro concebir, fueron las que me destrozaron la vida, que aceleraron mis ansias y me motivaban a hacer cosas nada fructíferas.

Acosada por la soledad no requerida, me mantuve en una posición estática, sin saber qué hacer o qué decir, no tenía nada en mis manos, sólo las gotas de dolor, que hasta ahora las ha llevado mi conciencia.

Por algún tiempo no entendí realmente lo que pasaba y sinceramente creo que aún no lo comprendo del todo. Detalles que ocurrieron los guarda mi corazón. Pobre corazón que tan roto ha de estar, que no acaba de asimilar todo lo sucedido, pero que a la vez está preparado para cientos de infortunios más, que sabe, de manera consistente, no los podrá alejar.

Ya estamos preparados, no al cien por ciento, pero cada vez estamos más fuertes. Ya no será tan fácil derrumbarnos, será casi imposible que nos volvamos a caer, o al menos no como antes.

Sabemos que estaremos rodeados de desagrados, pero siempre con la fortaleza para sabernos levantar más rápido de lo acostumbrado.

Seguiremos llorando, pero esta vez por cosas o personas que de verdad valgan la pena. No volveremos a caer en la locura ni en la amargura. Podremos desesperarnos pero no de forma exaltada.

El sentimiento valora más ahora, el corazón ya no pende de un hilo, sigue descuartizado, pero no roto, ya nunca más lo estará. Mientras que la mente ya no se opaca con cualquier movimiento fuera de lugar, aprendió a razonar más favorablemente con el paso de los años.

Ciertamente es la experiencia la que ha hecho que todo esto pueda ser posible. Todo lo que soy en la actualidad se lo debo a los años tristes que me otorgó la vida, y sólo ella es la que sabe una a una de las lágrimas que derramé, lleva la cuenta exacta, sin que lo pueda hacer yo misma.

El amor no está desterrado del todo, siempre ha tenido lugar para quien lo merece, tratando siempre de desaparecer lo que ya no le corresponde. Guarda para mí lo que considera y sigue vivo para que algún día, alguien le pueda corresponder.