Como cuando te veía, así, en un lugar donde podíamos conversar sobre temas que no son justificables para nadie más, donde apreciaba tu mirada más en ningún otro lugar, donde aprendimos sobre la estancia apacible y el roce de nuestras manos. No preferiría jamás otro lugar u otra persona, pues momentos tan perfectos no regresan, sería necesario cubrirlos con la eternidad para apreciarlos constantemente.
Horas de sonrisas envueltas de asombro, nuestros corazones parecían latir al mismo tiempo sin necesidad de escucharlos, lo sabíamos, tan claro y lleno de vida cada segundo juntos. No importaba el tiempo, los suspiros se colocaban uno tras otro, corría por nuestras venas el deseo de abrazos cálidos.
Tu cabeza sobre mi hombro, no dejaba que pensara en nadie más, las caricias tan finas lograban exaltarnos, temblamos al estar uno junto al otro. Juramos pasar la vida entera de esa forma, prometimos estar envueltos de emociones que nos rehabilitaran en cada respiración. Nunca supimos de un momento ideal para besarnos, sabíamos que si sucedía nos perderíamos irremediablemente, nuestros labios nunca se juntaron más de lo permitido, mas siempre sostuvimos una ternura perfecta.
Jugábamos a estar enamorados, pero terminamos siéndolo. Siempre me decías que te sostuviera mientras dormías, y yo abrazándote me acostumbré a no separar la mirada de ti, vigilabas que no lo hiciera y suspirabas con una tranquilidad sorprendente.
Esos días cuando esperábamos por algo maravilloso, a la vislumbra de un futuro ventajoso que motivara nuestros sueños. Nunca pasó por nuestra mente lo que ahora somos.
Ya no estamos cerca, tomamos rumbos distintos, han pasado los años sin saber lo que ha sido de cada quien.
En mi recuerdo estas día a día, no sabré jamás cómo borrarte de mi piel, nunca aprenderé a olvidar esos momentos que llenaron ese espacio de alegría incontrolable. Ya no te veré, ya no podré encontrar tu mirada fascinante ni penetrar en tus ojos, ya no sentiré esos roces cariñosos ni tu aroma inconfundible.
Pedí al cielo que me dejara estar a tu lado por tan sólo un día más, no ha sido posible y no lo será. Si cierro los ojos aún estás aquí, te he soñado tantas noches seguidas, delirios que se convierten en un río de lágrimas. Ya no mueves mi corazón y nadie sabrá la forma exacta de hacerlo.
Conciente estoy de esto y tiemblo en solo pensar que nunca volveré a amar y nadie más lo hará para mí. Ese espacio está cerrado, ya no existe la tranquilidad desde nuestra separación, ese lugar donde ocupábamos, más que para tiempo libre, ya no brilla.
Momentos inolvidables, y aunque ya no estés, sé perfectamente que tu también los extrañas.
Horas de sonrisas envueltas de asombro, nuestros corazones parecían latir al mismo tiempo sin necesidad de escucharlos, lo sabíamos, tan claro y lleno de vida cada segundo juntos. No importaba el tiempo, los suspiros se colocaban uno tras otro, corría por nuestras venas el deseo de abrazos cálidos.
Tu cabeza sobre mi hombro, no dejaba que pensara en nadie más, las caricias tan finas lograban exaltarnos, temblamos al estar uno junto al otro. Juramos pasar la vida entera de esa forma, prometimos estar envueltos de emociones que nos rehabilitaran en cada respiración. Nunca supimos de un momento ideal para besarnos, sabíamos que si sucedía nos perderíamos irremediablemente, nuestros labios nunca se juntaron más de lo permitido, mas siempre sostuvimos una ternura perfecta.
Jugábamos a estar enamorados, pero terminamos siéndolo. Siempre me decías que te sostuviera mientras dormías, y yo abrazándote me acostumbré a no separar la mirada de ti, vigilabas que no lo hiciera y suspirabas con una tranquilidad sorprendente.
Esos días cuando esperábamos por algo maravilloso, a la vislumbra de un futuro ventajoso que motivara nuestros sueños. Nunca pasó por nuestra mente lo que ahora somos.
Ya no estamos cerca, tomamos rumbos distintos, han pasado los años sin saber lo que ha sido de cada quien.
En mi recuerdo estas día a día, no sabré jamás cómo borrarte de mi piel, nunca aprenderé a olvidar esos momentos que llenaron ese espacio de alegría incontrolable. Ya no te veré, ya no podré encontrar tu mirada fascinante ni penetrar en tus ojos, ya no sentiré esos roces cariñosos ni tu aroma inconfundible.
Pedí al cielo que me dejara estar a tu lado por tan sólo un día más, no ha sido posible y no lo será. Si cierro los ojos aún estás aquí, te he soñado tantas noches seguidas, delirios que se convierten en un río de lágrimas. Ya no mueves mi corazón y nadie sabrá la forma exacta de hacerlo.
Conciente estoy de esto y tiemblo en solo pensar que nunca volveré a amar y nadie más lo hará para mí. Ese espacio está cerrado, ya no existe la tranquilidad desde nuestra separación, ese lugar donde ocupábamos, más que para tiempo libre, ya no brilla.
Momentos inolvidables, y aunque ya no estés, sé perfectamente que tu también los extrañas.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario